La primera edición del Concours d’Élégance International Schlumpf, celebrada en el legendario Musée National de l’Automobile de Mulhouse, a escasos 100 kilómetros de la cuna de Bugatti en Molsheim.
Casi 200 joyas históricas rodando por el autódromo, el reencuentro de mitos como el Bugatti Royale Coupé Napoléon y una estampa difícil de olvidar: Christophe Piochon, presidente de Bugatti, llevándose la victoria en la Categoría E (1996–2026) a los mandos de un flamante Bugatti Veyron Super Sport.
Pero en esta revista no nos conformamos con el brillo del champán ni las fotos de la nota de prensa. Desgranamos qué significa este evento y destripamos técnica y críticamente al gran protagonista.
Diseño: La escultura del viento y el carbono
El Concours Schlumpf puso a prueba la capacidad visual de los asistentes: enfrentar la elegancia clásica de entreguerras con el músculo funcional del siglo XXI.
- Aerodinámica de choque: Frente a la gracia artesanal de carroceros como Figoni (ganador en la categoría pre-1930 con un Bugatti Type 38), el Veyron Super Sport impresiona por su rotundidad. No busca la belleza sutil, sino aplastar el aire. Sus célebres entradas de aire NACA integradas en el techo sustituyen a las tomas superiores del Veyron «estándar» para optimizar el flujo a altas velocidades.
- Fibra de carbono al desnudo: La carrocería entera es un monocasco de carbono optimizado. Reduce el peso en seco respecto al modelo original, aunque sigue rozando una masa considerable.
- El choque generacional: Ver al Veyron compartiendo alfombra con el atemporal Royale Coupé Napoléon o el concept F.K.P. Hommage (homenaje a Ferdinand Piëch) evidencia cómo ha mutado la idea del lujo: de las carrocerías de paseo para reyes a verdaderos cazas de combate sobre asfalto.







Dinámica: Músculo incombustible en pista
El trazado de Mulhouse no es un circuito de alta velocidad, pero ver rodar a la bestia de Molsheim demostró que los hiperdeportivos nacieron para quemar gasolina, no para languidecer en garajes climatizados.
- Corazón W16: Bloque de 8.0 litros y 16 cilindros en W sobrealimentado por cuatro turbocompresores descomunales.
- Cifras de vértigo: Despliega 1.200\CV de potencia y un par motor descomunal de 1.500 Nm disponible desde las 2.200\rpm.
- Prestaciones de infarto: Firma un 0\100\km/h en apenas 2,5 segundos, alcanzando una velocidad máxima limitada electrónicamente a 415 km/h para no destruir los neumáticos (aunque en pista de pruebas superó los 431\km/h.
En la práctica, el Veyron Super Sport no es un bisturí ligero como un Porsche 911 GT3 RS ni un devorador de curvas rabilargo como un Ferrari SF90. Sus más de 1.800\kg se sienten en los apoyos más cerrados. Sin embargo, su sistema de tracción total permanente y la brutalidad constante de su aceleración lo convierten en una apisonadora imperturbable.
Tecnología: Arte mecánico frente al espejo del tiempo
Aquí es donde en Onda Motor sacamos el bisturí para analizar la cara B de esta joya de la ingeniería.
| Parámetro Técnico | Bugatti Veyron Super Sport | Estándar Hiperdeportivo Actual (e.g. Tourbillon / Koenigsegg) |
| Arquitectura | Térmico puro (W16 Quad-Turbo) | Híbrido / Electrificado |
| Refrigeración | 10 radiadores dedicados | Sistemas térmicos integrados con gestión de batería |
| Emisiones \CO_2 | >480\tg/km (Ciclo combinado) | Mitigadas por modos 100% eléctricos o V16 atmosférico híbrido |
| Software e Interfaz | Analógico / Digital de 1ª generación | Telemetría activa en la nube, pantallas táctiles e IA |
El Veyron Super Sport fue un milagro de la física térmica. Para que sus cuatro turbos no derritieran el coche, Bugatti necesitó instalar un entramado de 10 radiadores y una transmisión DSG de doble embrague y 7 velocidades reforzada hasta el límite.
Sin embargo, su software y electrónica se han quedado anclados en 2010. Carece de la agilidad del control de par vectorial moderno o de las interfaces conectadas de última generación. Además, en plena era de la eficiencia, sus consumos (que superan fácilmente los 21,5 l/100 km en conducción mixta) lo convierten en un glorioso anacronismo.
Veredicto Onda Motor
La edición inaugural del Concours d’Élégance International Schlumpf ha demostrado que la cultura del automóvil está más viva que nunca. Que el máximo responsable de Bugatti compita y gane la categoría moderna con un Veyron Super Sport manda un mensaje contundente: los coches de leyenda se disfrutan con el motor encendido.
El Veyron Super Sport no es un vehículo perfecto es pesado, traga combustible como un reactor y su tecnología multimedia es añeja, pero sigue siendo el hito de ingeniería que demostró que sobrepasar los 400\ km/h con el confort de un salón rodante era posible. Una obra de arte con 1.200\CV que merece ser escuchada en voz alta.
Pregunta para los oyentes
¿Qué os parece que los presidentes de las marcas compitan con sus propios hiperdeportivos de gasolina en eventos de elegancia? ¿Es el último bastión del romanticismo automovilístico o una postura desfasada ante la nueva era eléctrica? ¡Esperamos vuestros comentarios y notas de voz en nuestras redes sociales!
